El paraíso perdido
El paraíso perdido Del Sol donde te sientas vea tanto y tan distante
No es extraño: esta puerta nadie cruza, que eluda
La patrulla aquí emplazada; seres sólo amigos
Que descienden de los Cielos; y de allí,
Tras la hora meridiana, nadie vino: si Espíritu distinto,
Así inclinado, a propósito saltó este cerco terrenal,
Muy difícil —ya lo sabes— es frenar
Con muro corporal la espiritual substancia.
Mas si dentro del circuito de estas rondas
Ése del que hablas se halla, en una u otra forma,
Lo sabré ya cuando llegue el alba».
Tal le prometió y Uriel volvió a su puesto
En aquel brillante rayo, cuya punta ahora alzada
Le llevó por cuesta abajo al Sol, caído ahora
Más allá de las Azores; bien que el Orbe principal,
Increíblemente rápido, hubiese allí rodado,
Diurno, o esta Tierra menos rotatoria,
Con un vuelo corto al este, lo hubiese allí dejado
Ataviando de reflejos oro y púrpura