El paraíso perdido
El paraíso perdido Las nubes que lo escoltan en su Trono occidental[197].
Avanzó la tarde calma todavía y el gris ocaso
Puso a toda cosa su librea sobria;
El silencio lo siguió, pues las bestias y las aves
—Al herboso lechó unas, a sus nidos otras—
Se escurrieron, todas salvo insomne el ruiseñor;
Éste su amorosa melodía cantó la noche entera;
El silencio lo gozó. Ahora el firmamento fulguró
Con vívidos zafiros: Héspero[198], que guiaba
La legión astral, marchó con brillo más potente
Hasta que la Luna en nubosa majestad,
Por fin visible Reina, desveló su luz excepcional
Echando manto plata a la oscurana.
Cuando Adán así a Eva: «Bella esposa, la hora
De la noche, y toda cosa retirada ya al descanso,
Nos recuerdan similar reposo, ya que Dios
El trabajo y el respiro, cual día y noche humanos,