El paraíso perdido
El paraíso perdido Hizo sucesivos y el rocío del sueño, que oportuno
Cae ahora con narcótica y suave pesantez, inclina
Nuestros párpados; distintas criaturas todo el día
Vagan perezosas por ahí y precisan menos tregua;
Mas tiene el hombre su labor diaria ya del cuerpo
O de la mente, que su dignidad declara,
E interés del Cielo en todas sus acciones,
Mientras otros animales rondan inactivos
Y Dios no tiene en cuenta sus haceres.
Mañana, el fresco amanecer que el este raya
Con la luz naciente, debe hallarnos levantados
Y aplicados a la plácida labor: podar
Aquellas flores trepadoras y veredas verdes,
Nuestra senda al mediodía, que invade la hojarasca
Desdeñando nuestra escasa manicura y pide
Aún más manos que cercenen el voluble crecimiento.
Y así aquellas flores y resinas goteantes
Que yacen esparcidas sin concierto
Piden orden, si hemos de pasar tranquilos.