El paraíso perdido
El paraíso perdido Mientras, lo quiere la Natura, nos trae la noche pausa».
A lo que Eva, de ideal belleza ornada:
«Mi Autor y Dueño, lo que mandas
Yo sin réplica obedezco; Dios así lo ordena:
Dios tu ley; tú la mía: nada más saber
Es de fémina el saber más grato, y su virtud.
Al hablar contigo olvido el tiempo,
Toda hora y todo cambio me deleita por igual.
Dulce el hálito de la mañana, dulce su romper
Con cantar de pájaros tempranos; grato el Sol
Al extender por este reino venturoso
Sus orientes rayos: por la hierba, árbol, fruto, flores,
Que cintilan de rocío; fragante la fecunda tierra
Tras benigna lluvia; y dulce es cómo llega
El manso atardecer, después la noche silenciosa
Con su pájaro solemne y esta Luna bella,
Y las gemas de los cielos, su astral cortejo:
Mas ni el hálito de la mañana al levantarse
Con cantar de pájaros tempranos, ni el surgir del Sol
En este reino venturoso, ni la hierba, fruto, flores,
Que cintilan de rocío, ni fragancia tras las lluvias,