El paraíso perdido
El paraíso perdido
En cuclillas como sapo, junto al oído de Eva,
Viendo con su ciencia demoníaca de llegarle
A los órganos del fantaseo y fraguar en ellos
Ilusiones caprichosas, fantasmagorías, sueños;
O, si instilando algún veneno, enturbiar podía
Los espíritus vitales que germinan de la sangre pura
Como hálitos gentiles de los puros ríos, e inspirarle
Cuando menos bruscos, alterados pensamientos,
Vanas esperanzas, vanos fines, ansias desmedidas
Bien infladas de altivez, que gesta orgullo.
Ithuriel a éste, pues, en trance tal lo roza
Con su lanza, porque no hay falsía que resista
Toque de celeste temple; al contrario, vuelve
Por la fuerza a su apariencia propia: y Satán se sobresalta,
Sorprendido y descubierto. Como chispa
Que se enciende en nítrico montón, dispuesto
Para ser entonelado, almacenado por rumor
De guerra, y el negruzco grano con difuso
Y súbito destello el aire inflama,
Así saltó el Demonio recobrando su figura.
Recejaron los dos Ángeles hermosos medio atónitos
Al ver de pronto al siniestro Rey;