El paraíso perdido
El paraíso perdido Tanto me avivó el deseo que, pensé,
Tenía que probarlo. Al instante yo a las nubes
Ascendí con él, y abajo contemplé
La Tierra inmensa, un extenso panorama
Y muy diverso, sorprendida de mi vuelo y cambio
A tal exaltación. De pronto,
Ya mi guía me faltaba y, creyendo hundirme,
Caí dormida; pero qué contenta desperté
Y vi que fuera sólo un sueño». Eva así su noche
Relató y así apenado respondió su Adán:
«Excelsa imagen de mí mismo y parte mía más amada,
El pesar de tus ideas, esta noche en sueños,
Me conturba por igual; no puede deleitarme
Este raro ensueño que del mal proviene, temo;
Pero mal ¿de dónde? En ti, creada pura,
No hay ninguno. Sabe, sin embargo, que en el alma
Muchas facultades hay menores que a su líder
Sirven, la razón; la fantasía, entre éstas,
Viene luego, que de todo objeto externo
Que le ofrecen vigilantes los sentidos
Crea imaginaciones, aéreas formas,
Que juntándolas y separándolas el raciocinio plasma
Todo eso que negamos o afirmamos, y llamamos