El paraíso perdido
El paraíso perdido El saber o la opinión; mas luego se retira
A su aposento, cuando duerme la natura.
A menudo, ausente aquél, mimética la fantasía
Por copiarle vela; pero maljuntando sus figuras
Gesta con frecuencia chifladuras, y más en sueños,
Trastocando hechos y palabras, viejos o recientes.
De éstas en tu sueño hay algunas, yo diría,
De la charla que tuvimos ayer noche,
Mas con rara añadidura. No te atristes, sin embargo.
Por la mente ya de Dios o el hombre, puede el mal
Andar, venir, inatendido, sin dejar tras él
Estigma o culpa: por lo que confío
En que lo que soñar aborreciste en sueños
Nunca aceptarás hacer despierta.
No te desanimes pues, no pierdas ese brillo
Que resulta casi siempre más alegre y más sereno
Que el reír del alba bella al mundo amaneciente,
Y alcémonos que nuevos cometidos nos aguardan
En los bosques, fuentes y entre flores
Que ya ofrecen sus recónditos perfumes
Retenidos por la noche y guardados para ti».