El paraíso perdido
El paraíso perdido Más melódica de lo que piden el laúd o el arpa
Para darse más dulzura. Empezaron pues así:
«Éstas son tus obras eminentes, Padre del Bien,
Omnipotente, tuyo este edificio universal
Tan milagrosamente bello; ¡tú qué milagroso pues!
Inefable, habitando por encima de estos cielos,
No te vemos, u oscuramente en estas obras tuyas
Inferiores, que declaran sin embargo
Tu bondad inconcebible y tu Poder Divino:
Hablad vosotros que diréis mejor, los Hijos de la Luz,
Vosotros Ángeles, pues a él le contempláis,
Y con cantos y corales sinfonías, días sin noche,
Rodeáis su Trono alegres, en los Cielos donde estáis;
En la Tierra uníos criaturas para loa
De quien es primero, último, es medio, y es sin fin.
Tú el más bello de los astros[210], último del séquito nocturno,
Si mejor no perteneces a la aurora, prenda cierta