El paraíso perdido
El paraíso perdido De naciente día, que coronas la mañana sonriente
Con tu fúlgida diadema: glorifícalo en tu esfera
Mientras se levanta el día, esta dulce hora de alborada.
Tú, Sol, Ojo y Alma de este Mundo grande,
Reconócelo tu Superior, entona su alabanza
En tu eterno curso, tanto al elevarte
Y al ganar el zénit, como cuando ya declinas.
Luna, que ahora encuentras al oriente Sol, ahora huyes
Con los astros fijos, fijos en el orbe en fuga,
Y vosotros, cinco Fuegos errabundos[211] que os movéis
En danza mística no sin canción: dad eco
A su alabanza, quien llamó a la Luz de la Tiniebla.
Aire, y vosotros elementos, primogénitos
Del seno de Natura, que en cuaterno realizáis
Perpetuo ciclo, multiformes, y meráis
Y nutrís las cosas todas: que incesante vuestro cambio
Cree siempre nueva loa al Hacedor sublime.
Y vosotras, nieblas y efluxiones que subís ahora