El paraíso perdido
El paraíso perdido De los lagos humeantes y los montes, grises o terrosas
Mientras no pincela el Sol con oro vuestras sedas:
En honor al gran Autor del mundo levantaos,
Ya cubráis de nubes nuestro cielo deslucido,
O reguéis con nubarradas la sedienta tierra;
Ya cayendo, ya subiendo, alabadlo siempre.
Su alabanza oh vientos, de los cuatro puntos cardinales,
Exhalad suave o fuerte; cimbread, oh pinos, vuestras copas
Junto a toda planta, en señal vibrad de culto.
Fuentes y vosotros, que al fluir cantaleáis
Con murmullo melodioso, entonad trinando Su alabanza.
Únanse las voces de las almas vivas todas: aves
Que subís cantando a la Puerta de los Cielos,
Lleven vuestras alas y canciones su alabanza;
Y vosotros discurriendo por las aguas, por la tierra,
Caminando regios o reptando humildes;
Sed testigos si yo callo, tarde o alba,
Ante monte, valle, fuente o fresca sombra,
Hechos voces por mi canto e instruidos en loarle.