El paraíso perdido
El paraíso perdido De las águilas cimeras, todo pájaro lo cree
Un Fénix: a todos les parece el ave única
Que porta sus reliquias al fulgente Templo
Del Dios Sol, volando a Tebas en Egipto[215].
Pronto ya en el risco oriental del Paraíso
Pone pie, y a su propia imagen él retorna,
La de alado Serafín: seis alas tiene, que protegen
Sus divinos lineamientos; las dos que visten
Cada hombro ancho le caían sobre el pecho
Como manto con adorno regio; dos al medio
Como franja astral el talle ciñen, abrigándole
Los muslos y caderas con dorado terciopelo
Y colores de tintura célica; los pies el tercero adumbra,
Desde cada tarso, con mallada pluma del matiz
Del firmamento. Como el vástago de Maya[216]
Sacudió sus péndolas, que en torno difundieron
Celestial fragancia. Al instante lo conocen
Las patrullas de los Ángeles guardianes,
Que honran su mensaje y rango alzándose,
Pues portador lo creen de algún mensaje alto.
Sus radiantes pabellones Rafael pasó y llega al fin
Al campo venturoso por mirrados bosques
Y perfumes florecientes, casia, nardo, bálsamo
Y una jungla de fragancias, pues Natura aquí