El paraíso perdido
El paraíso perdido O hirsuta cáscara recoge, un tributo vasto
Que en la mesa apila pródiga. Bebida la hace
De las uvas exprimidas, mosto inofensivo,
Y aguamiel de muchas bayas, y de almendras dulces
Bien prensadas delicada crema extrae: de vasijas
Puras, aptas, para éstas no carece; luego esparce
Por el suelo rosas y yerbas no incensadas.
Mientras, nuestro Padre Primordial a recibir
A su divino huésped marcha, y sólo el séquito
Lo escolta de sus propias perfecciones,
Y completas: en sí mismo estaba su grandeza,
Más solemne que la pompa fastidiosa
De los príncipes, que con cortejo largo y rico
De caballos y muchachos que embadurna el oro
A la multitud deslumbra y deja boquiabierta.
Cerca ya de él, Adán, si no apocado,
Con sumiso trato y dócil reverencia,
Cual a superior natío, inclinándose humilde,
Dice: «Morador del Cielo, pues ningún lugar
Sino los Cielos puede contener figura tan gloriosa;
Puesto que viniendo de los Tronos en la Altura,
Esas plazas venturosas has dejado por un tiempo
Para honrar aquí las nuestras, dígnate con este