El paraíso perdido
El paraíso perdido Los Espíritus comida grata: y comida semejante
Esos entes inteligenciales la requieren
Cual vosotros, racionales. Y ambos órdenes
En sí contienen esas facultades inferiores
Del sentido: pues ven, oyen, huelen, tocan, gustan
Y, gustando, cuecen[221] y digieren y asimilan,
Y lo corpóreo en incorpóreo tornan.
Pues comprende: lo que fue creado exige
Ser nutrido y sostenido. De los elementos
Al más puro nutre el más grosero, al mar la tierra,
Tierra y mar al aire, éste a los etéreos Fuegos[222]
Y de éstos, inferior, primero a la Luna;
De ahí en su redondo rostro tales manchas:
Son vapores no purgados, no absorbidos todavía.
Y no es que la Luna no desprenda nutrimento
De su liento continente para orbes superiores.
El Sol que a todos distribuye, toma
De ellos recompensa alimentante
Como húmedas exhalaciones, y al caer la tarde
Cena con los mares. Si los árboles del Cielo
Portan fruto de ambrosiaca vida, y las viñas
Rinden néctar; y si de las ramas cada amanecer
Melíferos rocíos aventamos para ver el suelo
Aljofarado, Dios, no obstante, ha hecho aquí