El paraíso perdido
El paraíso perdido Vivir aquí o en Celestes Paraísos,
Si se os halla obedientes y guardáis,
Inalterable y firme, íntegro el amor
De quien sois progenie. Mientras, disfrutad
La dicha que esta condición dichosa
Puede contener, incapaz de más».
Y el Patriarca de la Humanidad repuso:
«Oh Ángel favorable, comensal propicio,
Bien has enseñado qué camino puede dirigir
El conocer y, de Natura, la escala que conduce
Desde el centro al ruedo externo, por la que
En contemplación de todo lo creado,
Grado a grado, ascendemos hasta Dios. Mas di,
¿Qué era esa advertencia “Si se os halla
Obedientes”? ¿Puede pues faltarnos la obediencia
A Él, o acaso traicionar su amor,
A quien del polvo nos formó y plantó aquí,
Colmados totalmente de cualquier ventura
Que el humano anhelo busque o pueda contener?».
A lo que el Ángel: «Hijo de la Tierra y Cielo,
Óyeme bien: ser dichoso débeselo a Dios;
Que sigas siéndolo, débetelo a ti,
Es decir, a tu obediencia; en ella queda.
Ésta es la advertencia que te di, recuérdala.
Perfecto Dios te ha hecho, no inmutable;
Bueno te formó, mas perdurar es cosa