El paraíso perdido
El paraíso perdido Que dejó en tus manos, dándote una libre
Voluntad, no gobernada por destino
Inextricable o rígida necesidad.
Servicio voluntario pide de nosotros,
No uno impuesto; tal servicio no halla en Él
Aceptación, pues ¿cómo, sin ser libre,
Probaría el corazón que sirve voluntario,
Si quisiera sólo lo que debe, por destino,
Incapaz de optar por nada diferente?
Yo también y toda la milicia angélica
Ante el Trono del Señor en nuestra dicha
Perduramos, como tú en la tuya, si la sumisión
Perdura: otra garantía no la hay; servimos libres
Porque amamos libres, siendo nuestra opción
Amar o no: con ello perduramos o caemos.
Y hubo quien cayó, por rebelión cayó,
Y así del Cielo hasta el más profundo Infierno;
¡Oh caída, de qué dicha en qué tormento!».
Y nuestro gran Progenitor: «A tus palabras
Bien atento, oh Instructor Divino, con más gozo
Las escucho que los cantos nocturnales
Desde montes no lejanos cuando elevan Querubines
Música estelar; y no ignoraba estar creado
Libre en acto y voluntad;
Mas que no debemos olvidarnos nunca del amor