El paraíso perdido
El paraíso perdido Al Hacedor y obedecer a quien nos puso
Un mandato sólo y justo, mis constantes pensamientos
Lo afirmaban y lo dicen todavía: aunque lo que cuentas
Que ocurrió en el Cielo, mueve duda en mí
Y deseo aún más grande de escuchar, si lo permites,
La completa relación, que debe ser extraña,
De oírse digna con quietud sagrada;
Y tenemos todavía largo rato, pues el Sol acaba apenas
La mitad de su carrera y apenas ya comienza
La otra media en la gran región del cielo».
Hizo Adán así su petición, y Rafael
Tras corta pausa, asintiendo, comenzó:
«Alto tema impones, oh primero de los hombres;
Triste empeño y arduo, pues ¿cómo relatar
A mente humana las proezas invisibles
De Espíritus guerreros?; ¿cómo, sin pesar,
La caída de ésos todos, tan brillantes y perfectos
Mientras fueron fieles?; ¿cómo desvelar,
Por último, secretos de otro mundo, que quizá
Sea ilícito mostrar? Mas, para bien tuyo,
Tal se me permite y lo que el alcance excede
Del sentido humano, he de describirlo