El paraíso perdido
El paraíso perdido Comparando formas numinosas con corpóreas
Según mejor las muestren, pues acaso esta Tierra sea
Sombra de los Cielos y las cosas que contienen
Se parezcan una a otra más de lo esperado.
»No era el mundo todavía y Caos reinaba fiero
Donde estos cielos ahora ruedan, donde esta tierra ahora
En su centro yace, cuando un día
(Pues el tiempo, aunque en lo eterno, si aplicado
Al movimiento, mide toda cosa duradera
Por presente, el pasado y el futuro), el día
Que el Gran Año[226] celestial culmina, la hueste empírea
De los Ángeles por regia citación llamada,
Incontable ante el Trono del Omnipotente,
Desde todo punto de los Cielos, pronto apareció
Tras sus jerarcas en columnas fulgurantes.
Diez mil miles de estandartes altos avanzaron,
Oriflamas, gonfalones, entre frente y retaguardia,
Tiemblan en el aire y de divisa sirven
A las jerarquías, órdenes y grados;
O en sus tejidos destellantes portan blasonadas
Inscripciones santas, actos de amor y celo
De recuerdo egregio. Y así, cuando en Orbes