El paraíso perdido
El paraíso perdido De circuito inexpresable los Ángeles formaron,
Orbe en Orbe, el Infinito Padre,
—Junto a Él el Hijo en beatitud sumido—
Como en monte llameante cuya cumbre
Invisible hiciese el resplandor, así les habla:
»“Oídme todos los Espíritus, Progenie de la Luz,
Tronos y Dominios, Principados y Virtudes, Potestades,
Escuchad mi edicto, que es irrevocable.
He concebido en este día a quien declaro
Mi Hijo Único y en este Monte santo
He ungido a quien ahora contempláis
Sentado a mi derecha. Por Cabeza os lo otorgo
Y he jurado por mi Ser que todas las rodillas en el Cielo
Ante él han de doblarse y proclamarlo su Señor:
Bajo el reino de este gran Vicerregente
Persistid unidos como un Alma individual,
Felices para siempre. Mas aquel que le desdeñe
Me desdeña, rompe la unidad, y el mismo día,
Desterrado del Señor y la visión bendita, cae
A tinieblas absolutas, insondable sima, su lugar
Prescrito, sin posible redención, sin término”.
»Así habló el Omnipotente y con sus palabras