El paraíso perdido
El paraíso perdido Todos parecieron complacidos: parecía, mas no todos.
Ese día, cual otros tan solemnes, lo pasaron
Con canciones, danza, alrededor del santo Monte,
Danza mística, que aquella astral esfera
De planetas y de estrellas fijas, con sus ruedas todas,
Es la que mejor la emula: laberintos intrincados,
Excéntricos, entreverados, y que son más regulares
Cuanto más irregulares aparentan:
Y en sus mociones la divina armonía
Tanto adulza sus hermosos sones, que Dios mismo
Escucha deleitado. El atardecer llegaba
(Pues también nosotros tarde poseemos y mañana,
Para cambio placentero, no por necesarias)
Y enseguida de la danza al dulce ágape se tornan
Deseosos; en los círculos en que se hallaban,
Mesas aparecen y de súbito rebosan
Con angélico alimento; néctar fluye cual rubí,
En perla, adamante y en macizo oro,
Fruto de exquisitas viñas, que en los Cielos crecen[227].