El paraíso perdido
El paraíso perdido Oreada por los vientos, salvo aquellos que por turno
Himnos melodiosos al Trono Soberano
Alternaron sin cesar la noche entera. Mas no así veló
Satán: llamadlo de este modo, pues su nombre antiguo
No pronuncia el Cielo ya. De los primeros era él,
Si no el primer Arcángel, grande en potestad,
Favor y preeminencia, mas de envidia lleno
Contra el Hijo del Señor, el día aquel
Honrado por su magno Padre y Mesías declarado,
Rey ungido: no lo pudo soportar su orgullo
Y, ante aquella escena, rebajado se sintió.
Maldad profunda concibió así y desprecio;
Al traer la medianoche la hora penumbrosa,
Del dormir amiga y el silencio, resolvió
Con todas sus legiones levantar el campo
Y negar el culto, la obediencia, al supremo Trono,
Desdeñoso. Despertando, pues, a su segundo
De este modo, con sigilo, lo abordó:
»“¿Duermes, camarada? ¿Qué soñar los párpados
Te cierra, si recuerdas qué decreto ayer,
¡Y tan reciente!, traspasó los labios