El paraíso perdido
El paraíso perdido De esta omnipotencia nuestra y con qué armas
Resolvemos preservar lo que de antiguo declaramos
Ser Deidad e Imperio nuestros, pues un enemigo
Se alza que pretende levantar un trono
Igual al nuestro en todo el espacioso Norte
Y, no contento, tiene en mente tantear
En armas qué poder, derecho son los nuestros.
Meditemos, pues, y a esta contingencia
Opongamos presto fuerzas fieles, empleándolas
A todas por defensa, no perdamos descuidados
Ésta nuestra Sede y Santuario, Monte nuestro”.
»A lo que el Hijo, con sereno rostro y claro
Resplandor divino, inefable y sosegado
Respondió: “Padre poderoso, bien merecen
Tus rivales justa burla y cierta risa
Por sus vanos planes y tumulto vano;
Causa para mí de gloria, pues su inquina
Ha de ensalzarme cuando vean regio el poderío
Que me otorgas para ahogar su orgullo, y los hechos
Les demuestren si consigo subyugar
A tus rebeldes o resulto de los Cielos el peor”.
»Tal el Hijo, mas Satán con todas sus legiones