El paraíso perdido
El paraíso perdido Ya un camino largo recorriera alígero, una tropa
Innumerable como estrellas de la noche
O astros matinales, el aljófar del rocío, con que perla
El Sol las hojas, cada una de las flores.
Por regiones avanzaron, las regencias poderosas
De los Tronos, Serafines, Potentados
En sus triples grados: territorios a los que
Todo tu dominio, Adán, no es más que el Jardín
Si lo comparas con la Tierra entera
Y todo el mar, el globo en su conjunto
Desplegado en longitud. Y dejándolos atrás,
Los límites del Septentrión al fin cruzaron,
Y Satán llegó a su regia sede, alta en un peñón
Que refulgía desde lejos, como un monte
Sobre un monte, con pirámides y torres
De diamante en bruto y rocas de oro,
El palacio del gran Lucifer (tal nombre tiene
La estructura interpretado en el dialecto
De los hombres), que aquél, bien pronto,
Pretendiendo equipararse en todo a Dios
E imitando el Monte en que el Mesías
Fuera ungido a la vista de los Cielos,
Monte lo llamó de la Congregación;