El paraíso perdido
El paraíso perdido Venza por las armas asimismo: dos disputas,
Víctor por igual. Si bruta la contienda y detestable
Cuando la razón pelea con la fuerza, tanta más
Razón existe de que predomine la razón”.
»Cavilando así y del frente armado de sus Pares
Avanzándose, en mitad del campo encuentra
A su intrépido rival, más iracundo todavía
Ante tal obstáculo, y así lo desafía:
»“Engreído, ¿hallas guerra? Esperabas alcanzar
La cumbre de tu anhelo sin estorbo,
Desguardado el Trono del Señor, y su lugar
Desocupado por terror a tu poder
O a tu potente lengua. Loco, no pensar qué vano
Es alzarse en armas contra tal Omnipotente,
Que de cosas nimias puede hacer surgir sin fin
Ejércitos interminables que derroten
Tu locura; o con mano solitaria
Más allá de todo límite, de un golpe
Inasistido, puede exterminarte y sumir
A tus legiones en tinieblas. Pero ves aquí
Que no te siguen todos; hay aquellos que la fe
Prefieren, la piedad, aunque entonces
No los vieras, cuando sólo yo en tu mundo
Parecía equivocado al disentir de todos: