El paraíso perdido
El paraíso perdido Mi partido ves ahora, tarde aprende pues
Que a veces pocos saben cuando miles yerran”.
»A lo que el gran Adversario, desdeñoso
Así repuso: “Mala hora ésta para ti; de mi venganza
La esperada. Tú primero has de caer,
Que vuelves de tu huida, Ángel sedicioso
A recibir tu recompensa, el primer ensayo
De esta diestra provocada, puesto que tu lengua
Inspirada en refutarme se opuso la primera
A un tercio de los Dioses, a su sínodo reunido
En rúbrica de su Deidad: pues quienes sienten
En sí el vigor divino, no han de permitir
Omnipotencia a nadie. Mas bien haces
En mostrarte ante los tuyos, deseoso de ganar
De mí una pluma[230], que tu intento enseñe
Al resto destrucción. Pauso, sin embargo
(No sea que presumas, irrefutado), por decirte así:
Al principio especulé que libertad y Cielo,
Para Almas Celestiales, eran uno sólo; pero ahora
Veo que los más servir prefieren por desidia:
Los Espíritus lacayos, hechos a la fiesta y canto;
A ésos has armado, a la filarmónica del Cielo,
Contra libertad la servidumbre,