El paraíso perdido
El paraíso perdido Cual los hechos de ambos bandos probarán”.
»A lo que, pronto, Abdiel severo respondió:
“Ay Apóstata, que yerras todavía y no hallas fin
A tus errores, lejos como estás de la verdad.
Injustamente insultas con el nombre
De servil a quien ordena Dios servir
O la Natura: Dios y la Natura mandan cosa idéntica
Cuando quien dirige es el más digno
Y supera a quienes rige. Servidumbre
Es servir al ignorante, al que instiga rebelión
Contra otro más insigne, como esos que te sirven,
Siendo como eres el sirviente de ti mismo;
¿Y te atreves todavía a ultrajar nuestro servicio?
Reina tú en el Tártaro, tu feudo; déjame servir
A Dios en el Empíreo y las órdenes divinas
Acatar de quien más merece acatamiento.
Mas cadenas en el Tártaro, no reinos, tú hallarás;
Mientras, retornado como dices de mi huida,
Esta cortesía en tu crestón recibe impío”.
»Y diciendo esto, noble golpe alzó