El paraíso perdido
El paraíso perdido Que no dejó en suspenso: rápido cayó y tempestuoso
En la cresta altiva de Satán, y ni la vista
Ni ágil pensamiento, menos todavía su broquel,
Pudieron impedir tal ruina. Diez zancadas grandes
Reculó, a la décima hincó rodilla,
Que sostuvo la maciza lanza, como si en la tierra
Vientos bajo el suelo o aguas prorrumpiendo
De costado hubiesen arrancado un promontorio,
Medio hundido con sus pinos todos. Pasmo dio
A los rebeldes Tronos, pero rabia aún mayor al ver
A su adalid caído. Júbilo colmó las nuestras
Y clamor, presagio de victoria y ansia fiera
De batalla; por lo que Miguel mandó soplar
La arcangélica trompeta: por el vasto Cielo
Resonó y las tropas fieles elevaron
Al Altísimo el hosanna. No pausaron a mirarnos
Las legiones enemigas, no fue menos la crueldad
Con que embistieron. Aumentó la furia tormentosa
Y un estruendo como nunca oyera el Cielo;
Armas al chocar con armaduras chirriaban