El paraíso perdido
El paraíso perdido En terrible discordancia y frenéticas las ruedas
Rechinaban de broncíneos carros; el ruido del conflicto
Era atroz; siniestro en las alturas el silbar
De flechas ígneas en flamígeras descargas,
Que volando abovedaban los ejércitos con llamas.
De este modo, bajo cúpula de fuego, arremetieron
Ambos cuerpos principales, con tremendo asalto
Y rabia inextinguible. Todo el Cielo
Retumbó y, si Tierra hubiese habido entonces,
Hasta el núcleo fuera estremecida. ¿A qué asombrarse,
Si millones de feroces Ángeles belígeros
A cada lado peleaban y el menor blandir podía
Estos elementos, pertrechándose con el poder
De todas sus regiones?[231] Cuánto más poder, por tanto
—Hueste contra hueste innumerable—, para alzar
Tremenda combustión luchando y perturbar,
Sin destruir, su venturoso suelo patrio,
Si el Eterno Rey Omnipotente,
Desde su Bastión del Cielo no hubiese sometido