El paraíso perdido
El paraíso perdido Y limitado tanta fuerza. Pues, aunque tan nutrida
Que cualquier legión aislada era comparable
A un ejército copioso, cada mano armada
Era en ímpetu legión; guiado a la batalla,
Líder parecía cada luchador, experto
En los avances, las paradas, o cambiar el curso
Del combate, cuándo abrir o bien cerrar
Las filas de la guerra cruel. Ninguno huir pensaba,
Ni siquiera en retirada, ni en hecho indigno
Que mostrase miedo; cada cual confiaba en sí
Como si en su brazo únicamente yaciese
La victoria. Gestas de perpetua fama
Acaecieron, infinitas; pues extensa y varia
Propagose aquella guerra: en terreno firme a veces
Lucha en pie, luego alzándose en vuelo poderoso
Torturaba todo el aire; todo el aire parecía entonces
Fuego batallante. Largo tiempo se extendió
Indecisa la pelea, hasta que Satán, que aquel día
Desplegó prodigios de poder y en armas
No encontrara igual, cruzando la terrible confusión
De Serafines contendientes, vio por fin