El paraíso perdido
El paraíso perdido La espada de Miguel, que derribaba a cada golpe
Batallones. Con mandobles portentosos
Esgrimidos por lo alto, el temible filo descendía
Devastando. A contener tal destrucción
Satán se apresuró y opuso el pétreo círculo
De décuple adamante, su ancho escudo,
Orbe inmenso. Viéndolo acercarse
El gran Arcángel, de su empeño bélico
Cejó y, contento al esperar dar fin aquí
A la guerra de los Cielos intestina, sometido el Adversario
O cautivo y en cadenas, con hostil mirada
Y la cara toda enrojecida así empezó:
»“Autor del mal, ignoto hasta tu insurrección,
Sin nombre aquí en el Cielo, mas extenso ahora
En estos actos de pelea odiosa, odiosa en todos,
Aunque siendo justos culpa tuya sobre todo
Y tus secuaces. ¡Cómo has perturbado
La bendita paz del Cielo y llenado la Natura
De miseria, increada hasta el crimen
De tu rebelión! ¡Cómo has instilado
Tu malicia en miles que eran fieles
Y devotos, y ahora falsos! Mas no pienses
Trastornar aquí el Reposo Santo: pues te arroja el Cielo