El paraíso perdido
El paraíso perdido De sus lindes. Sede de ventura, el Cielo
No tolera frutos de la guerra y la violencia.
¡Vete, pues! y vaya el mal contigo,
Tu retoño, al lugar del mal, el Tártaro,
Contigo y tu maldita turba; arma allí pendencias,
Antes que esta espada vengadora marque tu destino
U otra represalia del Señor, alada y repentina,
Te despeñe con dolor adicional”.
»Esto dijo el Príncipe arcangélico, al que así
Repuso el Adversario: “No imagines con el viento
De aéreas amenazas asustar a quien con hechos
No lo logras. ¿Es que has hecho huir
Al menor de todos éstos, lo tumbaste sin que se alce
Invicto? ¿Y crees más fácil negociar conmigo,
Pues esperas, por la fuerza y amenazas,
Arrojarme del lugar? No yerres, no termina así
La lucha de eso que llamáis el mal, nombrada
Por nosotros de la Gloria: vamos a ganarla
O convertir el Cielo mismo en el Infierno
De tu fábula, pues libres hemos de vivir aquí,
Si no reinar. Por tanto, de tu fuerza extrema