El paraíso perdido
El paraíso perdido —Y súmale el auxilio de quien llamas el Altísimo—
Yo no huyo: cerca o lejos te he buscado”.
»La parla terminaron, ya dispuestos a pelea
Inenarrable, porque ¿quién, aun con la lengua
De los Ángeles, podría relatarla, o a qué cosas
Compararla perceptibles en la Tierra, que elevasen
La imaginación humana a semejantes cimas
De poder divino? Dioses, en efecto, parecían
Quietos o moviéndose, en estatura, armas, la moción,
Capaces de zanjar del Cielo el gran Imperio.
Ya agitaron sus espadas ígneas y en el aire
Dibujaron círculos horrendos; anchos soles sus escudos,
Destellaron enfrentados, mientras el horror
Se hacía expectación. Veloz se retiró
De lo más denso del combate cada hueste angélica
Dejando largo campo, insegura con el viento
De aquella conmoción: tal —por explicar las grandes
Por pequeñas cosas— cual si, rota la armonía de Natura,
Entre las constelaciones estallase guerra,