El paraíso perdido

El paraíso perdido

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Y dos planetas en aspecto pernicioso[232]

De feroz oposición en medio de los cielos

Combatiesen, destruyendo sus esferas trepidantes.

Ambos a la vez, con brazo casi omnipotente,

Intentaron inminente un golpe

Que zanjase, sin pedir segundo,

Ya imposible, la contienda. No eran desiguales

En poder ni en rápida defensa; mas la espada

De Miguel, de la armería del Señor,

Tenía un temple tal que ni incisiva hoja

Ni maciza le aguantaba el filo: encontró

La espada de Satán con brusca fuerza de cayente tajo

Y partiola en dos: sin detenerse,

Con veloz viraje, penetró cortando hondo

En su diestro lado. Conoció Satán entonces el dolor,

Torciéndose convulso; tan dañina

La hoja arrasadora con herida discontinua[233]

Lo tajó. La etérica substancia, sin embargo,

Pronto se cerró, indivisible, y del corte

Un humor nectáreo comenzó a fluir, sanguíneo,

Tal como Espíritus celestes pueden derramar,

Manchando toda su armadura, antes tan fulgente.


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