El paraíso perdido
El paraíso perdido Al instante en todas partes se aprestaron a ayudarlo
Ángeles potentes, numerosos, ofreciendo
Protección, mientras otros sobre escudos lo portaban
A su carro, donde estuvo retirado
De las filas de la guerra. Ahí yació
Rabiando de desdén, de angustia y de vergüenza
Por no ser inigualable y ver su orgullo
Humillado en el fracaso, traicionada
Su confianza de igualar a Dios en fuerza.
Mas pronto se curó, pues los Espíritus que viven
Íntegros en cada parte —no cual feble el hombre
En entrañas, testa o corazón, hígado y riñones—
Mueren solamente aniquilados
Y en su líquida textura más mortal herida
No reciben que tendría el fluido aire:
Todo corazón, cabeza toda, todo oído y ojo,
Son inteligencia toda y sensación[234]
Y asumen miembros, forma, talla, o el color
Según les gusta, ralos o compactos.
»En otras partes mientras, hechos semejantes
Merecían el recuerdo: donde enérgico Gabriel luchaba