El paraíso perdido
El paraíso perdido Y con cohortes fieras penetraba la profunda formación
De Móloc, Rey furente, que lanzó su desafío
Prometiendo atarlo a las ruedas de su carro
Y arrastrarlo, sin frenar sacrílega su lengua
Por el Santo de los Cielos; pero pronto,
Hasta el talle hendido, con las armas destrozadas
Y dolor desconocido huyó mugiendo. En los flancos,
Rafael y Uriel a sus rivales ostentosos,
Aunque enormes y en diamante acorazados,
Derrotaron a Asmadai y Adramelek[235], dos potentes Tronos
Que ser menos que Deidades despreciaban;
Pero planes más modestos aprendieron en la huida,
Con terríficas heridas a través de malla y lama.
Tampoco Abdiel dejó de importunar
La atea tropa, y con golpe redoblado
Abatió a Ariel y Arioch, y la violencia
De Ramiel[236] prendió e incineró.
Relatar podría de millares y sus nombres
En la Tierra eternizar, mas esos Ángeles electos
Se contentan con su fama en el Empíreo