El paraíso perdido
El paraíso perdido Sin buscar halago de los hombres; la otra suerte,
Aunque en actos bélicos y de poder excelsos,
Y de fama tan ansiosos, expurgados por condena
Como están del Cielo y la memoria santa,
Déjalos morar innominados en oscuro olvido.
Pues la fuerza separada de lo justo y la verdad,
Indigna, no merece más que reprensión
Y oprobio porque, si a la gloria aspira
Es con vanagloria, y con infamia fama busca:
Que el silencio eterno sea pues su sino.
»Y ahora, aplastado su adalid, cambió el combate;
Muchas embestidas hondas provocaron
Desbandada y cruel desorden; todo el campo
Lo cubrían rotas armaduras y en montón
Yacían los volcados carros, sus aurigas
Y corceles de ígnea espuma. El resto recejaba
Extenuado con la hueste de Satán desfallecida,
Defendida apenas, sorprendido por el miedo,
Por primera vez por miedo sorprendido y daño
Huía ignominioso, a esos males empujado
Por la inobediencia pecadora y hasta esa hora
Incapaz de miedo, huida y daño.
Muy distinto albur, los Santos inviolables
En falange cúbica avanzaban, firme, entera,
Invulnerable, impenetrablemente armada: