El paraíso perdido
El paraíso perdido De ventaja tan inmensa su inocencia
Les dotaba sobre sus rivales, libres de pecado,
De desobediencia como estaban; la pelea
No los fatigó, ajenos fueron al dolor
De las heridas, aunque la violencia los barría.
»Ya la noche su andadura comenzó y, arrojando
Sobre el Cielo oscuridad, impuso tregua grata
Y, al estruendo odioso de batalla, dio silencio.
Bajo la nubosa cobertura, ambas huestes se apartaron,
Vencedores y vencidos: en el área combatida,
Con sus Ángeles invictos acampó Miguel
Y puso todo alrededor sus centinelas,
Vibrantes fuegos querubínicos. Al otro lado,
Satanás con sus rebeldes se esfumó,
Retirado lejos en las sombras y, de paz exento,
Convocó en la noche la asamblea de sus Grandes;
Entre ellos, sin desalentarse, así les habló:
»“Oh, probados ya en peligro, en las armas
Confirmados invencibles, camaradas míos,
Dignos no de libertad únicamente,
Irrisoria pretensión, sino de ansias aún mayores:
El honor, dominio, gloria y el renombre,
Pues un día soportamos de dudosa lucha