El paraíso perdido
El paraíso perdido (Y si un día, ¿por qué no días sin final?)
Lo que el Señor del Cielo, de más recio,
Ha enviado de su Trono en contra nuestra
Presumiendo suficiente para sojuzgamos,
Mas no es tal: así falible, se diría,
Podemos reputarlo desde ahora, aunque hasta hoy
Lo creímos omnisciente. Es verdad que, peor armados,
Cierta desventaja padecemos, cierto daño,
Hasta hoy desconocido, mas tan pronto conocido
Como desdeñado, pues hallamos esta forma empírea
Incapaz de deletérea herida,
Imperecedera y, aunque acuchillada,
Pronto restaurada y por vigor innato sana.
De perjuicio pues tan nimio fácil estimad
La solución: quizá mejores armas y más válidas,
Ingenios más violentos, en la próxima batalla,
Sirvan para darnos éxito, o peor cosecha al enemigo,
O igualar lo que produjo en la lucha diferencia,
Mas ninguna natural: si otra causa oculta
Los mostró preponderantes, mientras preservemos
Mente incólume y un sano entendimiento,
El debido examen y consulta lo expondrán”.
»Se sentó; y siguiente en levantarse fue