El paraíso perdido
El paraíso perdido Tanto cuanto vale la liberación”.
»A lo que Satán, con faz compuesta, replicó:
“No por inventar yo traigo lo que con justicia
Consideras, para triunfo nuestro, principal.
¿Quién entre nosotros al mirar la superficie
De este etéreo firme en el que estamos,
Este continente de espacioso Cielo, adornado
De verdores, frutos, flores ambrosiales, gemas, oro,
Tiene el ojo tan somero que examina
Todo esto sin pensar de dónde crece
Hondo bajo el suelo, materiales crudos, foscos,
De ígnea y excitable espuma[238], hasta que tocados
Por el rayo empíreo y temperados, emergen,
Tan hermosos, y se muestran a la luz del día?
Éstos, en su oscuro nacimiento, lo profundo
Ha de dárnoslos, preñados de la llama averna,
La cual, en ingenios huecos, largos y redondos,
Bien cebados, al tocar con fuego la otra boca,
Dilatada y sulfurada, desde lejos lanzará
Con ruido atronador a nuestros enemigos
Tales instrumentos de maldad que harán
Añicos y hundirán a todo el que se alce hostil,
Y todavía temerán que hayamos desarmado
Al Tonante del temido, impar Relámpago[239].