El paraíso perdido
El paraíso perdido Volvió volando y en mitad del aire fuerte así llamó:
»“Armaos, guerreros, al combate; ahí el enemigo,
Que creímos escapado, nos ahorra en este día
Perseguirlo: no temáis su huida; hecho densa nube
Llega, y afirmada en su rostro puedo ver
Resolución segura y triste: cada cual
Se ciña bien su cota adamantina, cada cual
Se calce el yelmo, el escudo aferre circular
Portado al frente o alto, pues hoy lloverá,
Si no desbarro, no ridícula mollizna,
Sino vibrante tempestad de flechas ígneas”.
»Así les avisó, avisados ellos ya, y pronto
Coordinados, libres de la impedimenta,
Rápidos y sin barullo respondieron al clamor de alarma,
Avanzando en formación de guerra; cuando vieron,
No muy lejos, la pesada marcha de la hueste adversa
Allegándose compacta y colosal, que en cuadro hueco[242]
Remolcaba sus diabólicos ingenios, flanqueando
Cada lado con profundos escuadrones como escudo