El paraíso perdido
El paraíso perdido Que la trampa camuflaban. Viéndose pausaron ambos
Un instante, pero pronto a la cabeza apareció
Satán, a quien se oyó mandar potente así:
»“Vanguardia, desplegaos a la diestra y la siniestra,
Que vean todos quién nos odia, cómo les pedimos
Paz y compostura y, con el pecho abierto,
Esperamos bien dispuestos recibirlas, si les place
Nuestra oferta y no se vuelven, pérfidos.
Mas yo lo dudo, sin embargo sea el Cielo mi testigo,
Cielo sé testigo, pues, mientras descargamos
Francos nuestra parte. Y vosotros ahí en pie,
Obrad según se os manda y tocad en breve
Lo propuesto, y bien fuerte que oigan todos”.
»Se burlaba así, en equívocas palabras, y apenas
Terminara, cuando el frente a diestra y a siniestra
Se partió, retrocediendo a cada flanco.
Nuestra vista descubrió, cosa nueva y rara,
Una triple hilera de pilares que yacían
Sobre ruedas (pues pilares parecían sobre todo,