El paraíso perdido
El paraíso perdido Y más veloces cuantas más las armas. Desarmados,
Fácilmente cual Espíritus lo habrían evitado
Por urgente contracción o evaporándose; así,
Deshonrosa huida resultó y desbandada,
Ni ayudó tampoco abrir las densas filas.
¿Qué podía hacerse? Si embestían, el rechazo
Reiterado e indecente vapuleo
Redoblado los haría aún más indignos,
Más risibles a ojos enemigos; pues, ya a la vista,
Otra hilera de formados Serafines se aprestaba
A descargar de nuevo la andanada de sus truenos:
Y volver desbaratados era lo que más
Aborrecían. Viendo su dilema Satanás,
Así burlándose a sus camaradas les gritó:
»“Oh amigos, ¿y no vienen esos víctores soberbios?
Antes sí venían fieros y al tratar nosotros
De atenderlos bien con francos frente
Y pecho (¿y qué menos?), con propuestos términos
De acuerdo, cambian súbitos de idea,
Vuelan y caen en rara extravagancia,
Cual si danzasen, aunque para danza bien parecen
Algo peregrinos y salvajes, puede que del gozo
De la paz que les brindamos; mas supongo