El paraíso perdido
El paraíso perdido De prisiones tales, pues si bien Espíritus de pura luz,
Antes la más pura, ahora burdos eran por pecar.
El resto, remedando aquellas armas,
Los vecinos montes desgajaron;
Y así montañas por los aires tropezaron con montañas
Arrojadas y devueltas con furor tan espantoso
Que lucharon subterráneas las legiones, en funesta sombra,
Infernal ruido: juego popular la guerra parecía
Comparada con tumulto tal. La confusión horrible
Se sumaba a confusión y todo el Cielo ahora
Apuntaba a la hecatombe y vasta ruina.
Mas el Padre Omnipotente donde mora,
Consagrado en su seguro Santuario empíreo,
Contemplando el conjunto de las cosas, tras prever
Tal alboroto y permitirlo todo, de manera
Que su gran propósito pudiera culminarse
—Honrar a su Hijo Ungido, vengador
De sus rivales, proclamando la cesión
De todo su poder—, así a su Hijo,
Cosedente de su Trono, le anunció:
»“Efulgencia de mi gloria, Hijo amado,
Hijo en cuyo rostro lo invisible se contempla