El paraÃso perdido
El paraÃso perdido Afable Arcángel, exhortase a Adán
Por medio de terrible ejemplo a evitar
La apostasÃa, relatándole lo que ocurrió en el Cielo
A los apóstatas, que nada parecido le ocurriese
En el ParaÃso a Adán o a su linaje,
—Con deber de no tocar el prohibido árbol—,
Si transgredÃan, desdeñando ese solo mandamiento
De tan fácil obediencia entre tanta suerte
De sabores para complacer el apetito,
Aun voluble. Él con Eva su consorte
Escuchó la historia atento y se colmó
De admiración y de hondo sentimiento al oÃr
De cosas tan extrañas y tan altas, cosas
Inimaginables, como el odio en las Alturas
Y la guerra tan cercana a la paz de Dios, en beatitud
Con tanta conmoción: mas pronto rechazado el mal,
Como avalancha recayó en aquéllos
De los que brotara, incapaz de mixturarse
Con la dicha. Pronto, pues, Adán las dudas
Repelió que en su pecho germinaran; y ahora
Conducido, aún sin pecado, por deseo de saber
De cosas más vecinas —cómo comenzó
Este mundo perceptible de la tierra y cielo,