El paraíso perdido
El paraíso perdido Así a su ilustre huésped le rogó Adán,
Y así el divino Ángel respondió gentil:
«Esta petición que con cautela me requieres
Tenia pues: aunque obras todopoderosas
¿Qué palabra o lengua serafínica podrá narrarlas,
O qué humano corazón ha de entenderlas?
Lo que alcances, sin embargo, y mejor te sirva
En gloriar al Hacedor y darte
Dicha grande no ha de silenciarse:
Esta comisión he recibido de los Cielos,
Responder a tu deseo de conocimiento
Dentro de unos límites; más allá abstente
De inquirir y no imagines penetrar
Las cosas no manifestadas, pues el invisible Rey,
El único omnisciente, las veló en la noche,
Ignoradas para todos en la Tierra o Cielo:
Suficiente queda aparte que indagar y conocer.
Pero el saber es cual comida y no menos necesita
La templanza en el deseo, conocer
En qué medida lo podrá la mente contener:
Pues el exceso oprime en otro caso, y pronto torna
En locura la sapiencia, como en viento el alimento.