El paraíso perdido
El paraíso perdido Y vio Dios que era bueno, y bendíjolas diciendo:
“Sed fructíferas, multiplicaos, y en los mares
Y los lagos y las rápidas corrientes inundad las aguas;
Y multiplíquense las aves en la tierra”.
Al instante los canales y los mares, calas y bahías,
Bullen de cardumen incontable, peces
Que con sus aletas, sus escamas esplendentes,
Fluyen bajo la ola verde, en majales que a menudo
Amontañan lo profundo: huraños unos, en pareja
Los demás, las algas pacen y por bosques vagan
De coral, o bien jugueteando —rápido destello—
Al Sol undíferas camisas muestran (oro las salpica),
O en perladas conchas cómodos aguardan
Su húmedo alimento, o debajo de las rocas su comida
Acechan, prieta la armadura. La foca en aguas calmas
Juega y el delfín cimbrado. Peces colosales
Con pesado bamboleo y moción enorme
Atempestan el océano: ahí el Leviatán,