El paraíso perdido
El paraíso perdido La más inmensa criatura viva, en el piélago
Estirado cual peñón, ya duerme o nada
Y parece tierra en movimiento; y sorbe
Por sus branquias, o su boca escupe, todo un mar.
Mientras, las templadas cuevas, costas y marismas
Prole numerosa incuban, que del huevo pronto,
Reventándolo con natural fractura, surge
Incurtida la nidada; mas pelechan pronto
Y ya bien emplumadas, remontando el aire espléndido,
Desprecian con un grito el suelo en nube
Acumuladas. La cigüeña ahí y el águila,
Por riscos y en las copas de los cedros, nidos forman.
Aves hay que vuelan separadas la región; más sabias,
Otras colectivas en figuras el camino acuñan,
Sabedoras de estaciones, y planean
Sus aéreas caravanas sobre el mar, volando
Altas, y con ala mutua sobre tierras avivando
El vuelo. Así dispone la prudente grulla
Su éxodo anual, portada por los vientos; flota el aire
Cuando pasan, aventado por innúmero plumaje.
De rama en rama pájaros menores con sus cantos