El paraíso perdido
El paraíso perdido Alborozan las forestas y despliegan alas pinceladas
Hasta el ocaso, y ni entonces el roncal solemne
Calla el trino, pues la noche entera entona suave trova.
Otros en argénteos lagos y en los ríos bañan
Su afelpado pecho. Con cimbrado cuello el cisne,
Bajo el manto de sus alas fabuloso, boga
En majestad con pies remosos; pero éstos a menudo
Dejan la laguna y elevándose con tiesas plumas
Ganan la mitad del cielo; otros por el suelo
Marchan firmes: el crestado gallo cuyo pífano da voz
A las horas silenciosas, y ese otro cuyo porte bello
Es ornamento y que pintan tonos floreados
De arco iris y estelíferos ocelos[258]. Las aguas pues
De peces llenas y de pájaros los aires,
La tarde y la mañana el Quinto Día consagraron.
»El Sexto y el postrer de la Creación surgió
Con arpas vespertinas, matinales, cuando dijo Dios:
“Dé la tierra ánima viviente por especies,
Reses y reptantes cosas, bestias de la tierra