El paraíso perdido
El paraíso perdido Me indujo. Cual recién despierto de hondo sueño,
Muelle me encontré tendido entre las flores,
En balsámicos sudores, que el Sol con sus fulgores
Pronto disipó, nutrido del rorante vaho.
Torné enseguida al cielo atónitos mis ojos
Y miré un rato el amplio firmamento, hasta erguirme,
Por un súbito, instintivo movimiento, con un salto,
Como si tocarlo pretendiese, y derecho estuve,
Puesto en pie. Alrededor vi entonces
Monte, valle, umbríos bosques y solanas; vi
El líquido descenso de corrientes rumorosas; junto a éstas,
Criaturas que vivían, pululaban, iban o volaban,
Aves en las ramas gorjeando; todo sonreía,
De fragancia y dicha rebosó mi corazón.
A mí me examiné yo entonces, miembro a miembro
Me exploré, y anduve a ratos, y corrí también,
Con cuerpo elástico, según el brío me incitase.
Mas quién era yo, en dónde estaba, cuál mi causa,