El paraíso perdido
El paraíso perdido De polo a polo, atravesando los coluros;
A la octava retornó y, en la orilla adversa
A la entrada que guardaban los Querubes, encontró
Furtivo insospechada senda. Un lugar había,
Ahora no (y no el tiempo: el pecado trajo el cambio),
Donde el Tigris, a los pies del Paraíso,
Se sumía subterráneo en una sima, para alzarse
En parte como fuente junto al Árbol de la Vida.
Con el río se sumió y con él se levantó
Satán, envuelto en escalante niebla; busca luego
Dónde estar oculto. Ya explorara mar y tierra
Desde el Edén al Ponto, y desde el lago
De Meotis hasta más allá del río Ob;
A la Antártica bajara incluso y, en largor,
Desde el Orontes al oeste hasta el piélago
Que Darién obstruye, y de allí al país del Ganges
Y del Indo[273]: de este modo el orbe recorrió
Buscando minucioso, y con hondo examen
Cada criatura sopesó: de todas ellas
Cuál más oportuna a su artimaña, hallando
La serpiente la alimaña más sutil del campo.
A ésta tras debate largo e indeciso cavilar,