El paraíso perdido
El paraíso perdido Su último dictamen escogió por apto
Recipiente, el trasgo fraudulento más idóneo
En quien entrar, donde ocultar sus negras sugestiones
De la vista más aguda: pues en la artera sierpe
Nadie notaría suspicaz doblez alguna, que parece
Proceder de su natal ingenio y sutileza,
Cosa que observada en otras bestias
Movería dudas de diabólico poder
Activo en ellas más allá del animal sentido.
Así lo decidió, mas antes reventó
De puro sufrimiento su pasión en estos lloros:
«Oh Tierra, qué conforme al Cielo, si no incluso
Preferible, digna sede de Deidades, pues formada
Con segundos pensamientos, por reforma de lo viejo.
Pues ¿qué Dios, tras lo mejor, haría lo peor?
Cielo terrenal, en medio de la danza de otros cielos
Que fulguran, pero portan sus atentas lámparas brillantes,
Luces sobre luces, por ti sola, tal parece,
Confluyendo en ti sus hermosos rayos todos
De sagrado influjo. Si en los Cielos Dios